Fue cuando Júbilo nacio que la situación cambió. La abuela empezó a frecuentar nuevamente la casa de su hijo, pues deseaba con todo el alma estar cerca de ese nino, cosa que nunca le pasó con sus otros nietos. En cambio, desde el primer momento en que vio a Júbilo, quedó fascinada con su rostro sonriente.
Júbilo llegó a esa familia como un regalo del cielo que ya nadie esperaba. Un regalo bellismio pero que no sabían dónde poner. La diferencia de edad que había entre él y sus hermanos era de muchos anos.
Júbilo y su abuela compartían juntos la mayor parte del día, paseando, jugando o conversando. Por supuesto, la abuela utilizaba el maya para comunicarse con su nieto, y Júbilo se convirtió en el primer nieto bilingue que dona Itzel tenía. Y desde los cinco anos de edad, el nino se encargó de prestar sus servicios como intérprete oficial de la familia. Cosa bastante complicada para un nino pequeno que tenia que distinguir que cuando su madre hablaba del mar se refería al mar que estaba frente a su casa y en donde toda la familia se banaba; en cambio, cuando dona Itzel mencionaba la palabra K'ak'nab no hacia alusión únicamente al mar, sino a la 'senora del mar' (una de las fases de la luna) y que en lengua maya se decía con la misma palabra.


